Los Secretos del Sonido: Capítulo 7 ¿Cómo se afinan realmente nuestros instrumentos?

Mucho más que seguir un afinador


Cuando alguien escucha la palabra afinar, suele imaginar a una persona mirando un afinador hasta que aparece una luz verde.

Y, cuando esa luz se enciende… Trabajo terminado, pero… la realidad es muuuy diferente. De hecho, podríamos decir que ese momento es solo el principio. Porque un afinador puede decirnos dónde está una nota. Pero nunca podrá decirnos cómo se siente. Ni cómo respira. Ni cómo conversa con el resto del instrumento.

Y ahí es donde empieza el verdadero trabajo.


El afinador solo escucha una parte de la historia

Un afinador es una herramienta extraordinaria. Nos ayuda a localizar la frecuencia fundamental de cada nota y nos indica si debemos subirla o bajarla. Pero el instrumento no está formado por una única frecuencia.

Cada nota está acompañada por armónicos. Por resonancias. Por vibraciones que interactúan constantemente entre sí. Y eso no aparece reflejado en una pantalla.

Por eso dos instrumentos pueden mostrar exactamente la misma afinación en un afinador y, sin embargo, transmitir sensaciones completamente distintas al tocarlos.


Afinar una nota… obliga a volver a escuchar todas las demás

Una de las cosas que más sorprende a quien descubre este oficio es que las notas no viven aisladas. Todas están relacionadas.

Cuando modificamos una nota, aunque sea unas pocas décimas de milímetro, cambia el equilibrio del conjunto.

Entonces volvemos a revisar la siguiente. Y después la anterior. Y otra vez la primera. Es un proceso continuo.

Un diálogo permanente entre todas las notas del instrumento. Por eso una afinación no consiste en ir nota por nota hasta terminar.

Consiste en recorrer el instrumento una y otra vez, escuchándolo desde distintos lugares, hasta que todo encuentra su equilibrio.


Escuchar también es medir

Hay ocasiones en las que el afinador indica que una nota está exactamente donde debería. Sin embargo… Al tocarla sentimos que todavía no está libre, que le cuesta abrirse, que el sustain no termina de desarrollarse o que sus armónicos no dialogan como deberían con el resto del instrumento.

En esos momentos confiamos en algo que ningún aparato puede sustituir.

La experiencia. Y, sobre todo…

El oído.

Porque el afinador mide.

Pero quien realmente escucha es la persona que está afinando.

Afinar también significa tener paciencia

Hay una frase que repetimos muchas veces en el taller:

Las prisas desafinan.

Y no porque una nota vaya a cambiar de golpe. Sino porque un instrumento necesita tiempo para responder. Cada pequeño ajuste modifica el comportamiento del acero. Y ese cambio necesita unos instantes para estabilizarse.

Por eso no golpeamos una vez y decidimos. Escuchamos, esperamos, volvemos a tocar, comparamos…Y solo entonces decidimos cuál será el siguiente paso.

Hay ocasiones en las que una única nota puede obligarnos a revisar todo el instrumento varias veces.

Y no es porque algo haya salido mal. Sino porque todo está conectado entre sí.


Cuando las notas colaboran… y cuando no

Hay días en los que parece que el instrumento quiere ayudarte. Realizas un pequeño ajuste y, casi como por arte de magia, todas las notas parecen encontrar su lugar. Todo fluye. Todo respira. Todo encaja.

Pero también existen otros días. Días en los que una nota parece empeñada en no colaborar. La corriges, escuchas, vuelves a corregir. Y, cuando por fin parece estar donde debe… Otra nota decide moverse. O ese instrumento decide que debe ir en otra escala y tono.

Es parte del proceso. Y también parte de la belleza de este oficio.

Porque cada instrumento tiene su propio carácter.

Y ninguno se deja fabricar exactamente igual que el anterior.


Los armónicos también necesitan estar afinados

Cuando hablamos de afinación solemos pensar únicamente en la frecuencia fundamental. Pero en nuestros instrumentos eso solo representa una parte del trabajo.

Los armónicos también necesitan encontrar su lugar. Y eso multiplica enormemente la complejidad del proceso.

En un Arcturus V3 o V4 de 9 tonos, por ejemplo, hablamos de mantener en equilibrio 45 tonos diferentes.

No basta con que cada uno esté donde debe. Todos tienen que colaborar entre sí.

Como una orquesta. Si un solo instrumento desafina, toda la música cambia.

Con los armónicos ocurre exactamente lo mismo.


Afinar también es saber cuándo parar

Quizá parezca extraño. Pero uno de los aprendizajes más difíciles ha sido descubrir que no siempre hay que seguir golpeando o afinando.

Hay momentos en los que el instrumento ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Seguir insistiendo solo conseguiría romper el equilibrio que tanto ha costado alcanzar.

Saber afinar también significa saber detenerse. Aceptar que el instrumento ya ha encontrado su voz.

Y respetarla.


Más de diez años aprendiendo a escuchar

Después de fabricar cientos de instrumentos seguimos aprendiendo con cada uno de ellos. No existe una fórmula mágica. No hay dos piezas de acero idénticas. Ni dos instrumentos que reaccionen exactamente igual.

Por eso seguimos investigando, probando, escuchando… Porque cada nuevo instrumento nos enseña algo que el anterior todavía no sabía.

Y esa es la mayor diferencia entre fabricar instrumentos y producirlos. Nosotros no repetimos un proceso.

Vivimos una investigación continua.


En ParPer Drum creemos que…

Afinar no consiste en llevar una nota hasta un número. Consiste en encontrar el equilibrio entre todas las vibraciones que forman un instrumento.

El afinador nos muestra el camino y la experiencia nos ayuda a recorrerlo.

Pero quien realmente toma la última decisión siempre es el oído, porque hay cosas que una pantalla y micrófono no pueden medir…

Y otras que solo pueden sentirse cuando el instrumento empieza, por fin, a cantar.


Un afinador nos dice dónde está una nota. Nuestro oído nos dice cuándo esa nota ha encontrado por fin su lugar.


🌿 Sigue descubriendo Los Secretos del Sonido

Este es el séptimo capítulo de la serie.

Puedes continuar con:

Leave a Reply

Please Login to Comment.

Related Post